Sestercios y centuriones para salvar una Roma en la que nadie recoge la basura

La vuelta de los viejos sestercios romanos como moneda, una alcaldesa convertida en centurión, un tatuaje que dice SPQR (‘Senatus Populusque Romanus’) en el brazo de un candidato, un partido político que se llama Movimiento Histórico Romano y cuyo programa se titula las XII Tablas de la Lista de Nerón… Y un autobús que nunca pasa, una basura que nunca se recoge, una hierba que no se corta, una calle que no se asfalta, un sótano que se inunda en cuanto llueve. Roma, año 2021 de nuestra era.

Este domingo 3 de octubre, esa urbe, como el resto de las italianas, celebra la primera vuelta de las elecciones municipales 2021. En el caso de la capital, a tenor del estado de la ciudad, los eslóganes, propuestas y guiños de los candidatos, la sensación es que a la fecha le sobran las dos primeras cifras y lo que está en juego es el cargo del próximo ‘cónsul’ que gobernará la ciudad y no el de futuro alcalde de una ciudad europea del siglo XXI. ¿Es esto algo anecdótico o es la gloria y condena de esta ciudad?

En la calle Cola di Rienzo, el pasado sábado 25 de septiembre, los partidos políticos se afanaban en repartir su propaganda entre los ciudadanos. Entre esas publicidades estaba la de Luigi Fratini, candidato al municipio de Roma por la coalición conservadora en la que participan la Lega, Fratelli d’Italia y Forza Italia y que encabeza Enrico Michetti. Hasta ahora en las encuestas, Michetti, el desconocido candidato de la extrema derecha y derecha italiana, encabeza la intención de voto (aunque parece que en una hipotética segunda vuelta tiene menos opciones).

Los puntos 5 y 6 del programa electoral de Fratini/Michetti dicen: “Adopción del sestercio como moneda local complementaria, para ayudar a la actividad terciaria y el turismo, estratégica para el financiamiento de eventuales obras e infraestructuras”. En otro punto se ofrece la creación del “Departamento de la Romanidad, para valorizar mejor la tradición y cultura secular romana”. “Lo de crear en esta ciudad otro departamento más municipal, cuando hay decenas y no funciona ninguno, para hablar y valorizar el pasado tiene algo de cómico o hasta de sádico”, señala Luisa, una votante aparentemente poco atraída por estas iniciativas de sabor histórico.

Ese mismo 25 de septiembre, Beppe Grillo, creador del Movimiento 5 Estrellas (M5S), intentaba relanzar la campaña de la actual alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, con un fotomontaje en el que la política aparece vestida de centurión romano. La imagen generó una tormenta en redes sociales, especialmente entre los detractores de Raggi, quien fue un emblema de los populistas hace cinco años tras la primera gran victoria electoral del Movimiento. Más que recordar la época del viejo imperio, lamentaban los críticos, hace falta “recoger la basura”, “dejar de tener la ciudad llena de jabalíes”, “que no ardan los autobuses”, “asfaltar las calles”…

Javier Brandoli. Roma

De nuevo en esa misma jornada, otro de los candidatos que opta a llegar a la segunda vuelta, el independiente Carlo Calenda, exministro en el Gobierno del progresista Matteo Renzi, publicaba en su cuenta de Instagram una foto de su antebrazo en la que se había tatuado la inscripción SPQR, siglas de la antigua República de Roma que se pueden ver por toda la ciudad y que significan ‘Senatus Populusque Romanus’ (‘El Senado y Pueblo de Roma’).

El tatuaje fue criticado por muchos por considerarse un guiño al votante de extrema derecha. Muchos identifican la historia del país, especialmente los símbolos del Imperio romano, con el fascismo por el uso que de ese periodo hizo Benito Mussolini y siguen haciendo sus descendientes ideológicos. “Calenda está desesperado y usa símbolos fascistas”, criticaron algunas voces en redes sociales. “Es absurdo calificar así el uso de la historia. La Roma clásica no pertenece al fascismo ni se la podemos regalar, pero más absurdo aún es que en una ciudad que está abandonada y necesita regenerarse haya candidatos que siguen usando el reclamo de la vieja Roma”, señala Piero, votante romano que se reconoce progresista.

Todos estos ejemplos citados anteriores, de tres de los cuatro verdaderos candidatos a ser elegidos alcalde (el otro es el izquierdista Roberto Gualtieri), son nada comparados con el programa político del Movimiento Storico Romano, Lista Nerone.

El candidato a alcalde de esta formación, Sergio Iacomini, un exmilitar que se hace llamar Nerón, y en cuyos carteles electorales aparece vestido como viejo emperador, lanza un mensaje contundente en la absolutamente inolvidable web del partido: “En el año 2774 AB Urbe Condita (2021 d. C.) me propongo conquistar la Colina Capitolina (Campidoglio, sede del Ayuntamiento) con el valiente y alegre armada del ejército de amigos del Movimiento Histórico Romano-Lista de Nerón, con el siguiente eslogan: ‘A mi señal, ¡desatamos el paraíso!”. El candidato Nerón, que ha sido entrevistado en diversos medios locales, explica el motivo de su candidatura: “Me lo han pedido las piedras, estatuas y frescos: barre esta clase política e incapaz que no merece liderar Roma”.

¿Orgullo, anécdota o condena?

Imprimir de nuevo la vieja moneda de la época imperial romana podría considerarse solo una forma de impulsar el turismo, así como vestirse de centurión o tatuarse las siglas SPQR podría considerarse como un homenaje a la apabullante historia de esta ciudad milenaria. El turismo es importantísimo para Roma e Italia, un 12% de su PIB, y el turista adora el Coliseo.

Javier Brandoli. Roma

El problema es que muchos ciudadanos, como explica Alberto, romano de varias generaciones, están hartos de que sus políticos les sigan hablando de Caravaggio y el Coliseo, y quieren una ciudad habitable. “Mi mujer y yo, romanos, estamos pensando en irnos si esto sigue así. La ciudad está cada día peor y la calidad de vida es ínfima. Que le den por… a los Caravaggios y nos hagan un metro decente y dejemos de tener las calles llenas de basura”, señala.

Podría ser una anécdota, una casualidad o una opinión entre tantas, pero ese comentario se escucha masivamente por todas partes. Hay una inmensa mayoría de romanos que sufren una ciudad, a la vez que están legítimamente orgullosos de su historia y patrimonio, sin terminar de entender cómo se ha llegado hasta aquí. “Mira esos cubos. Están llenos de basura. Hay bolsas por el suelo, plásticos tirados, inmundicia desparramada, pero nadie recoge nada ni se molesta en ir a tirar las bolsas a otros cubos que hay algo más lejos. Los romanos nos hemos acostumbrado a vivir así y nos conformamos con creer que habitamos la ciudad más bella del mundo”, señala desde una terraza del periférico barrio de Foste Ostiense, Marco. Al fondo, el enésimo estercolero en medio de la calle.

Esa frase, ‘la città più bella del Mondo’, es el yin y el yang del problema. Una especie de bálsamo curador que cada vez funciona menos para tres millones de habitantes que rodean un centro histórico al que apenas se acercan. Las encuestas a lo largo de esta legislatura señalan que tres de cada cuatro romanos pensaban que la situación de la ciudad estos años ha empeorado mucho. Incluso los votantes de la actual alcaldesa, Virginia Raggi, parecen admitirlo, pero ponen un atenuante: “Roma ya estaba así antes”. ¿Se puede salir de este hoyo hablando ensimismado de la ciudad de hace 2.000 años?

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