Transnistria: una marioneta rusa que toma vida propia de la mano del Sheriff

Más de 30 años después de que declarara su independencia ‘de facto’ de la Moldavia recién fundada como Estado tras el colapso de la URSS, la región separatista prorrusa de Transnistria vive, gracias al fútbol, su momento de mayor gloria internacional. El FC Sheriff de Tiraspol, la capital rebelde, se mide este martes en el Bernabéu al Real Madrid en su primera participación en una Liga de Campeones, y despierta la curiosidad de la opinión pública europea hacia este no-país oscuro y no reconocido hasta hoy por ningún Gobierno legítimo.

Emparedada entre Ucrania y la Moldavia de la que, formalmente, sigue siendo parte, Transnistria debe su existencia como Estado fantasma al poderío militar soviético y a las ambiciones geopolíticas de la Rusia poscomunista. Una ‘marioneta’ rusa que, sin embargo y gracias entre otros a la guerra de Ucrania o el poder de los oligarcas del Sheriff, empieza a tomar vida propia, alejándose de sus lazos con Moscú.

Corina Tulbure. Tiraspol (Transnistria)

Como parte integrante de la URSS encuadrada en la República Socialista Soviética de Moldavia, esta región díscola albergó durante el comunismo el 14º Ejército del Ejército Rojo. Su presencia en territorio transnistrio durante el proceso de desintegración de la URSS permitió a la élite rusa de la zona resistirse al curso natural de los acontecimientos, que imponía su integración en una Moldavia independiente más prooccidental y dominada por étnicos rumanos, y crear en cambio un pseudo-Estado propio en el que seguir mandando y dejar el tiempo congelado en la era soviética.

Bajo la vigilancia, cada vez más relajada pero siempre disuasoria, del contingente de soldados rusos que sigue destacado en Tiraspol, el nuevo Estado fue construyéndose según el modelo de las transiciones salvajes que en Rusia y sus satélites, incluida Moldavia, siguieron al colapso del Imperio rojo.

Un imperio del Sheriff

Con el antiguo ‘apparatchik’ soviético Igor Smirnov como presidente (1991-2011), Transnistria se convirtió en un agujero negro de corrupción y un foco de tráfico de personas y contrabando de cigarrillos, combustible e incluso armamento y municiones de los depósitos que dejó 14.º Ejército. Como en toda transición postsoviética, una camarilla de camaradas generalmente asociados a los servicios secretos se llevó la mejor parte del pastel de las privatizaciones. El gran triunfador del proceso en Transnistria fue el antiguo policía y probable exagente del KGB Viktor Gusan.

El Consejo Supremo de autoproclamada República de Transnistria en Tiraspol. (EFE)El Consejo Supremo de autoproclamada República de Transnistria en Tiraspol. (EFE) El Consejo Supremo de autoproclamada República de Transnistria en Tiraspol. (EFE)

Con la bendición de Smirnov y sus padrinos en Moscú, el imperio empresarial de Viktor Gusan —que quizá deba parte de su éxito en el Este salvaje a llamarse Sheriff— fue acumulando empresas públicas y monopolios que aún conserva en sectores claves como las gasolineras, la industria, la telefonía móvil, la exportación de vino y coñac transnistrio o la importación de Mercedes-Benz. A los pocos años de la independencia, Transnistria había consumado su transición de una economía centralizada en el Estado a una economía centralizada en el grupo Sheriff de Viktor Gusan.

Según cálculos de expertos, el grupo de Gusan paga más de la mitad de los impuestos que recauda el Gobierno de Tiraspol, controla más del 60% de la economía legal y ⅔ de los muchos negocios ilegales que se siguen haciendo en Transnistria.

El FC Sheriff

En 1997, Gusan y su socio Ilya Kazmaly decidieron entrar también en el sector del deporte con la creación del FC Sheriff. Siguiendo las modas que se iban imponiendo en Europa, el Sheriff fue fichando jugadores extranjeros hasta formar un equipo competitivo hegemónico en el campeonato nacional y con aspiraciones cada vez más sólidas de lograr lo que ha acabado consiguiendo esta temporada: llegar a la fase de grupos de la Champions.

Christian Giner

El magnate construyó además un estadio de estándares europeos y un ‘Milanello’ propio, únicos entonces en la región, que aún hoy alquilan para entrenar equipos ucranianos como el Dinamo de Kiev. El coliseo del Sheriff también alberga, pese al conflicto supuestamente a muerte entre los separatistas y el Gobierno de Moldavia, partidos de la selección nacional de Moldavia.

El estadio que el 24 de noviembre visitará el Real Madrid no es el único punto de convergencia entre estos dos actores teóricamente irreconciliables. El FC Sheriff juega en la Liga nacional de Moldavia y puede disputar competiciones internacionales gracias a su afiliación a la Federación Moldava de Fútbol, pues Transnistria no está considerada un Estado y no tiene una federación de fútbol propia reconocida por la FIFA.

“No me imagino que un equipo de Abjasia [región rebelde prorrusa en Georgia] pudiera jugar en la liga de Georgia y además ganarla”, dice Iulian Fruntasu, un periodista moldavo con orígenes en Transnistria que fue embajador de Moldavia en el Reino Unido, a El Confidencial. Fruntasu, que ha trabajado en la resolución de conflictos en Abjasia y Bosnia, apunta al “oportunismo” de ambas partes como un elemento clave que diferencia la cuestión de Transnistria de otros conflictos estancados en el espacio postsoviético.

Ultras del Sheriff celebran una victoria contra el Zimbru de Chisinau, la capital moldava. (FC Sheriff)Ultras del Sheriff celebran una victoria contra el Zimbru de Chisinau, la capital moldava. (FC Sheriff) Ultras del Sheriff celebran una victoria contra el Zimbru de Chisinau, la capital moldava. (FC Sheriff)

“La gente aquí no está dispuesta a morir por conceptos abstractos como la patria, entre otras cosas porque no existe una patria transnistria”, dice el exdiplomático, que recuerda que la guerra de independencia que enfrentó a los separatistas con el Ejército de Moldavia fue librada, sobre todo, por fuerzas rusas.

En política también manda el Sheriff

Además de la economía y el fútbol, el conglomerado de Gusan domina la política. En el año 2000 creó su propio partido, Obnovlenie, que significa ‘Renovación’ en ruso, y ganó sus primeras elecciones en 2005 con el antiguo directivo del grupo Sheriff, Yevgeni Shevchuk, al frente. Shevchuk se convertiría años después en presidente (2011-2016), una posición de poder desde la que se suicidó políticamente al impulsar una reforma fiscal que pusiera fin a los privilegios en materia de impuestos de los gozaban hasta entonces sus antiguos empleadores.

Sin el apoyo del imperio de Gusan, Shevchuk perdió las elecciones en 2016, en las que el actual presidente leal al Sheriff, Vadim Krasnoselsky, fue aupado a la jefatura del Estado.

Javier Espadas. Moscú

El poder omnímodo de la corporación pudo verse también en las elecciones al Soviet Supremo —así sigue llamándose el legislativo en Transnistria— de noviembre del año pasado. Obnovlenie se hizo con 29 de los 33 escaños en juego.

Según una investigación de la publicación rusa Kommersant, todos los diputados elegidos, incluidos los de la oposición, tienen estrechos lazos con el grupo de Gusan.

“Es la primera vez en la corta historia de Transnistria en que el presidente, el parlamento y el poder económico están todos en el bolsillo del grupo Sheriff”, dice Armand Gosu, un experto en Rusia radicado en Bucarest que ha estudiado en profundidad la evolución de la región separatista, a El Confidencial.

La guerra de Crimea

La política en Transnistria ha cambiado sustancialmente en los últimos años. El grupo Sheriff es cada vez más influyente, y la guerra —desatada en 2014 con la invasión de Crimea— entre Rusia y Ucrania ha puesto tierra de por medio entre el Kremlin y sus protegidos en la región separatista.

Gustav Gressel*

Según Gosu, la guerra declarada entre Rusia y Ucrania ha privado a Moscú de la principal puerta de acceso a Transnistria, que era, hasta la invasión de Crimea, el territorio de sus hoy enemigos ucranianos. Por un lado, el conflicto militar de escala global ha dado al traste con muchas de las redes y las rutas de contrabando —de las que participaban también ucranianos y moldavos— en y en torno al Mar Nego que nutrían la economía transnistria.

“El contrabando venía por el puerto de Odesa [capital de Crimea], llegaba a Transnistria y de ahí se introducía, a menudo por Rumanía, en la Unión Europea”, detalla Gosu, quien cuenta cómo, en ocasiones, los cigarrillos se fabricaban en los propios barcos antes de que atracaran en el puerto de Odesa. “Antes, ésta era una zona que no atraía la atención de nadie; ahora está fuertemente militarizada, y ¿qué contrabandista quiere toparse con un destructor de la Marina estadounidense cuando está transportando cigarros?”, se pregunta Gosu con humor.

La nueva realidad en la zona ha disminuido la influencia rusa sobre Transnistria. Más de un 60% de las exportaciones transnistrias (es decir, del grupo Sheriff) tienen hoy día la Unión Europea como destino, y Gusan parece interesado en expandir su imperio hacia Occidente y reducir sus lazos con Rusia.

A. Alamillos

“Ellos especulan según sus intereses; no tienen ideología”, dice Gosu sobre los oligarcas que dominan la economía de Transnistria. Todos ellos, añade el experto, tienen varios pasaportes rusos, ucranianos, moldavos que utilizan según la coyuntura.

El exdiplomático Fruntasu corrobora lo expuesto por Gosu. “Todos los que mandan en el grupo Sheriff tienen varios pasaportes y cambian su identidad en función de sus intereses, lo que demuestra su oportunismo”, declara. “En mi opinión, esto es algo positivo, porque en esta región la gente no tiene una identidad monolítica por la que tomar un arma y empezar a matar”, explica el también periodista y experto en política internacional, quien ve en el entusiasmo que la clasificación para la Champions del Sheriff ha despertado en Moldavia una prueba de esta realidad.

Sheriff toma relevancia internacional

El alejamiento de Rusia y el protagonismo casi absoluto en la región separatista del grupo de oligarcas encabezados por Gusan le han dado al Sheriff una relevancia internacional inédita, que le confiere vida propia al margen del poder político ruso.

“Dentro de unos años, los dirigentes de Chinisau [capital de Moldavia] y Kiev [Ucrania] tendrán que negociar con los oligarcas transnistrios que controlan el imperio Sheriff y no con el Kremlin”, ha escrito Gosu en uno de sus artículos. En el texto, el experto en Rusia recuerda que, por su situación geográfica en medio del “sándwich” de Moldavia y Ucrania, a Transnistria no le basta con el diluido apoyo ruso, y necesita cooperar con sus dos vecinos para mantenerse a flote.

El 'chek point' entre Moldavia y la autoproclamada Transnistria. (EFE)El 'chek point' entre Moldavia y la autoproclamada Transnistria. (EFE) El ‘chek point’ entre Moldavia y la autoproclamada Transnistria. (EFE)

Pese a todo, Rusia sigue teniendo la sartén por el mango a través de la presencia de cientos de soldados en la república rebelde, donde viven, además, miles de exmilitares jubilados a una edad relativamente temprana que cobran sus pensiones de Moscú y no están por la labor de cortar lazos con la antigua metrópolis.

Aunque el grupo Sheriff haya logrado la fuerza suficiente para inclinar la balanza económica hacia actores distintos de Moscú, el Kremlin no permitirá cambios significativos que le perjudiquen en la orientación geopolítica de Transnistria.

“Quienes controlan el imperio Sheriff saben que es muy arriesgado hacer movimientos bruscos”, declara Gosu, que tiene claro que Moscú no renunciará al control que ejerce sobre este territorio del tamaño de la provincia de Las Palmas que tiene menos de medio millón de habitantes y ha perdido un 35% de su población en los últimos 30 años. Por una parte, Transnistria está en una posición geográfica inmejorable para lanzar operaciones de desestabilización contra Ucrania. Y tener un contingente de tropas y ciudadanos rusos en un país con aspiraciones occidentales como Moldavia le permite también torpedear la posible integración de esta antigua república soviética en la Unión Europea.

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