¿’Lisboafobia’? El socialista Costa se lanza a descentralizar Portugal, pero no es tan fácil

La propuesta se debatió pocos días antes de que el país celebrara sus elecciones municipales. ¿Sacamos el Tribunal Constitucional de Lisboa y lo llevamos a Coimbra? La idea era del PSD, al frente de la oposición al Gobierno del socialista António Costa, y tenía como argumento principal que ayudaría a la descentralización del país, una idea bandera del propio Costa, que sin embargo eligió la callada por respuesta. No así los jueces que se verían afectados, que revolucionaron la opinión pública al afirmar que sería “un grave desprestigio” marcharse de la capital en favor de la tercera ciudad del país, equivalente, con su magnífica universidad, a Salamanca.

Con todo, la propuesta llegó al Parlamento y salió aprobada, pero en lo que se conoce como ‘generalidad’. Es decir, tuvo luz verde para ser tramitada en la Cámara —todo un gesto a pocos días de comicios locales—, aunque para convertirse en realidad deberá volver al plenario y lograr allí el apoyo de la mayoría absoluta, dado que la transferencia afectaría a una ley orgánica. Y nadie apuesta por que obtenga los votos necesarios. No llegará a ninguna parte porque no existe un consenso en el Parlamento para que el país saque de Lisboa instituciones relevantes y cambiar lo que decía en 1888 el escritor Eça de Queiroz por boca de uno de los personajes de ‘Los Mayas’: “¡Lisboa es Portugal! Fuera de Lisboa, no hay nada”.

Europa Press

Si poco ha cambiado en el último siglo y medio, no es por falta de herramientas. La Constitución elaborada tras la Revolución de los Claveles de 1974, que acabó con la dictadura, daba la posibilidad de regionalizar el país, pero no se ha concretado. En 1998, tuvo lugar la tentativa más seria, con un referendo que preguntaba a los ciudadanos si estaban a favor de instituir regiones administrativas. Con una participación del 48%, la respuesta mayoritaria fue no, y desde entonces los diferentes gobiernos han ido pasándose la pelota. Portugal cuenta con apenas dos regiones autónomas, los archipiélagos de Azores y Madeira, y el resto, todo su territorio continental, vive bajo el centralismo de Lisboa.

Portugal no quiere café para todos

“Está demostrado, 45 años después de haberse inscrito la regionalización en la Constitución de la República, sin nunca haberse concretado, que Portugal es un país complicado de descentralizar”, afirma rotundo José Reis, profesor en la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra, a El Confidencial. Reis, que ha estudiado las tentativas de descentralización del país, considera que “falta cultura del territorio y cultura de la buena organización del Estado de la Administración pública”, pero no solo. Los prejuicios siguen siendo fuertes en Portugal. “Por ejemplo, existe la falsa idea de que un país pequeño solo necesita una única racionalidad territorial. O que descentralizar es para atender clientelas locales o regionales, o incluso la idea de que descentralizar significa dividir”. No es tampoco extraño escuchar en la calle comentarios perplejos, por ejemplo durante la pandemia, con la disparidad de recomendaciones covid en las comunidades autónomas de los vecinos españoles. La confusión es un elemento en extremo desagradable para el carácter portugués.

Agustín Monzón

La idea no cuaja, además, por la potencia que Lisboa siempre ha tenido en un país que el doctor en Derecho André Lamas Leite define como “profundamente centralista y macrocéfalo en favor de la capital”. Lamas Leite da clase en la Universidad de Oporto, la única urbe que rivaliza con Lisboa, si no en instituciones, sí en relevancia poblacional y empresarial, y se ha reivindicado en consecuencia como candidata a acoger aquello que busque salir de Lisboa, desde donde, pese a las reticencias, se ha producido alguna transferencia con éxito, como una secretaría del Ministerio de Cohesión Territorial, con sede ahora en Braganza (norte del país). El avance de las tecnologías, recuerda Lamas Leite, allana además el camino al trabajo telemático.

Pero mover una secretaría de Estado es más sencillo que una institución, como se demostró con el otro gran intento fallido de Costa, trasladar la sede de la Autoridad del Medicamento (Infarmed) a Oporto. Fue una promesa del socialista a finales de 2017, pero el Gobierno abandonó oficialmente la idea un año después, entre cruces de acusaciones con Oporto y la férrea oposición de los trabajadores, que pedían esclarecimientos sobre cómo cambiarían sus vidas. Otra confusión indeseada, que se repite con el Constitucional. “Lo que me preocupa más es la levedad con que se proponen estas cosas: no se conoce un estudio de las implicaciones financieras de personal por la transferencia, lo que debería haber sido la primera cosa para hacer. Es un procedimiento muy típico en Portugal y que no tiene sentido. Hasta parece que somos un país rico”, comenta Lamas Leite.

Costa sigue insistiendo

“El Partido Socialista es el mayor partido municipal, pero es también el campeón de la descentralización para el poder local”, afirmaba Costa dos días antes de las elecciones locales, celebradas el pasado 26 de septiembre. El primer ministro insiste en descentralizar, si bien no a través de regiones, sino dando mayor poder a los municipios, alternativa en la que tampoco se están obteniendo grandes avances.

Agencias

“El Gobierno solo ha enfrentado la descentralización para los municipios siguiendo una lógica variable y relativamente superficial de entrega de ciertas funciones”, estima Reis, que matiza que, aunque “eso puede ser incluso correcto, no origina, por sí solo, un cambio sustancial del país” y además “queda rápidamente paralizado, incoherente”.

El argumento oficial de que con estos pasos se permitirá una mejor gestión de los fondos europeos pospandemia tampoco convence a este especialista, que recuerda que esa gestión “ya tenía una buena base” a través de las comisiones de Coordinación y Desarrollo Regional, consideradas “pseudo autonomías”, que transmiten el dinero. “El proceso de recentralización ha sido enorme, y para disfrazar, se va hablando de participación a nivel municipal. Pero eso no tiene mucho sentido, porque esa no es la escala adecuada”, sostiene.

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